Acaba de amanecer en Miami y las persianas del departamento de Beto se mantienen cerradas, cuando saca de uno de los cajones de su buró un extraño dispositivo de silicon: un TLC Tugger, dispositivo diseñado para estirar gradualmente la piel del mismo modo como se estiran los lóbulos de las orejas para formar expansiones. La diferencia está en que a Beto no le interesa expandir sus lóbulos. Su proyecto es mucho más complicado y le llevará varios años de uso continuo y disciplina: lo que él quiere es expandir la piel de su pene para que eventualmente ésta recubra la totalidad de su pene circunciso. Por supuesto que Beto no es su verdadero nombre. El apuesto músico de cabello obscuro teme que otros le rechacen por descubrir su proyecto íntimo por lo que ha estado utilizando su dispositivo de manera secreta debajo de sus pantalones diariamente durante los últimos 5 años. Su proyecto se ha vuelto tan rutinario que tan sólo le cuesta un minuto engancharlo a su pene y después con un par de bandas elásticas lo amarra con un botón a su pierna izquierda.

Con su cabello desalineado y aún con sueño en los ojos, se levanta desnudo de la cama con su dispositivo firmemente ajustado a su pene y camina hacia la cocina para prepararse algo de desayunar sin darle importancia al sonido tintineante de su dispositivo golpeando contra los gabinetes. “No es doloroso,” reporta Beto. “Nunca me he deprimido por tener que usarlo. Es más, usarlo me hace sentir que me está beneficiando”.

Beto es uno de los miles de hombres a nivel mundial que se sienten resentidos por haber sido circuncidados de pequeños, pues ellos lo consideran una forma de mutilación genital. Ellos mismos se hacen llamar “restauradores” y se dedican a estirar la piel de sus penes hasta recuperar lo que les fue cortado desde el nacimiento. Sin embargo, regenerar tan solo una pulgada de piel es un reto casi sobrehumano. El prepucio no vuelve a crecer como cola de lagartija, no es tan simple, pues se requiere de hasta 5 años de estiramiento continuo de la piel mediante diversos métodos, dispositivos y técnicas. Es un proceso lento y estresante que provoca aislamiento, debido a que muchos restauradores no se sienten en la confianza de platicarlo con sus parejas, amigos o doctores, por lo que tienden a recurrir a foros y chats en línea donde pueden platicar sobre sus avances y diversas técnicas empleadas, buscar apoyo psicológico, encontrar motivación y manejar la frustración. Muchos hombres se rinden mucho antes de lograr su objetivo: “Detesto que ya llevo 5 años en el proceso y aún no he terminado”, Beto suspira. “Es una de las cosas más complicadas que jamás he hecho”.

Se dice que Abraham, el patriarca bíblico del judaísmo y del islam, fue el primer hombre circuncidado de la historia y se consideró a este acto como un pacto con Dios que debía cumplirse para todos sus descendientes. En Génesis 17, Dios le dice a Abraham que la circuncisión es necesaria por lo que él decide hacérsela ahí mismo, así como a su hijo y a todos los hombres que vivían con él. Desde ese entonces, la comunidad judía ha practicado la circuncisión en cada uno de sus hijos varones a los 8 días del nacimiento como tributo a Dios. Sin embargo, esta tradición no es común entre cristianos; aunque algunos afirman que es necesaria para parecerse más a la imagen de Jesús, el apóstol Pablo dijo que sólo la fe en Jesús era necesaria para salvarse y dejar de lado los rituales ancestrales. De hecho, se dice que algunos cristianos que siguen practicando la circuncisión, solamente están replicando tradiciones judías.

Fuera del contexto religioso, la circuncisión se ha vuelto un fenómeno cultural moderno ampliamente practicado en Estados Unidos. En 1877 durante la época Victoriana, el Dr. J.H. Kellogg aseguró que la circuncisión era el remedio infalible para evitar la masturbación en adolescentes. Hacia 1932, el 31% de los hombres estadounidenses habían sido circuncidados. Estudios realizados en la primera mitad del siglo XX concluyeron que la circuncisión mejoraba la higiene y reducía las probabilidades de contraer alguna infección de transmisión sexual, esto provocó que hacia finales de la década de los 70’s el porcentaje de hombres circuncidados alcanzara el 80%. En 1975, la Academia Americana de Pediatría concluyó que la circuncisión “no era médicamente necesaria” lo que causó que la tasa de hombres circuncidados comenzara a descender. Hasta el 2007, el porcentaje de hombres circuncidados en Estados Unidos era del 55%.

Un médico de Boston llamado Ron Goldman fundó en 1991 una organización sin fines de lucro llamada CRC (Circumcision Resource Center) en la que realiza investigaciones acerca de los efectos negativos, tanto físicos como psicológicos de la circuncisión. “¿Cómo podría no tener consecuencias negativas mutilar hasta un tercio del tejido erógeno del pene? Que además alcanza hasta 12 centímetros cuadrados en un adulto” se pregunta Goldman.

En el 2012, nuevamente la Academia Americana de Pediatría concluyó que los beneficios de la circuncisión como la prevención de infecciones urinarias o cáncer de pene, sobrepasaban a los riesgos. Esto provocó que se iniciara un nuevo debate sobre la circuncisión, incluso el Centro de Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CPE) concluyó que a partir de un estudio clínico, los hombres circuncidados tenían 50% menor probabilidad de contraer VIH de una mujer infectada, así como una menor probabilidad de contraer herpes y el virus del papiloma. Sin embargo, los argumentos del CPE no son concluyentes y recibieron cerca de 3276 réplicas en contra de ese estudio, la mayoría de ellas en contra de la circuncisión:

El reporte del CPE ha sido criticado como culturalmente sesgado por una buena razón. Presenta la evidencia de que la circuncisión reduce la probabilidad de contraer SIDA”, -Michael King

¿Por qué razón no se han ampliado los estudios en busca de una conexión entre la circuncisión femenina y el SIDA?”. “Suena a que el CPE está del lado de médicos ambiciosos que buscan aumentar sus bolsillos”, -Elli Mazeres

En efecto, los estudios han demostrado que un pene circuncidado es menos sensible que un pene intacto y que esta discrepancia incrementa con el tiempo. Después de entrevistar a cerca de 1000 hombres circuncidados, el Dr. Goldman encontró que la circuncisión provoca ira en contra de los padres, vergüenza, estrés, baja autoestima, incapacidad para intimar con la pareja, ansiedad sexual y depresión. “A muchas personas les aterra enterarse de que este procedimiento llega a realizarse por cualquiera, incluso personas sin formación médica”, comenta Goldman.

De acuerdo con el boletín sobre historia de la medicina de la Universidad John Hopkins, se cree que los primeros restauradores del prepucio fueron los israelitas que se asentaron en Grecia hacia el año 170 a. de C. En aquellos tiempos y dentro de la cultura griega, el tamaño del prepucio era una cualidad digna de admirarse, por lo que los israelitas comenzaron a estirar la piel de sus penes mediante contrapesos de plomo, de manera similar al funcionamiento del PUD (un dispositivo de restauración del prepucio que se utiliza hasta la fecha). Wayne Griffith es considerado el padre del movimiento para la restauración del prepucio. Hacia mediados de la década de los 80’s, él utilizó esferas de acero fabricadas por sí mismo para estirar la piel de su prepucio de manera similar a como lo hacían los israelitas en Grecia. En 1990 fundó NORM (Organización Nacional de Hombres Restauradores), un grupo de apoyo para los hombres en proceso de restauración. La primera reunión fue anunciada en el periódico de San Francisco, California con el mensaje de “proporcionar información y ayuda” y logró reunir a 25 hombres que encontraron un espacio para hablar libremente sobre sus penes sin importar su orientación sexual.

NORM fue un éxito y actualmente concentra a 42 grupos de apoyo distribuidos en 24 estados de Estados Unidos, así como organizaciones de restauradores en otros países del mundo (incluido este blog 🙂 ). En Florida, la organización realizó su primera reunión en el 2010 en el centro de estudiantes de la Universidad de Miami, en la que 5 restauradores expusieron sus métodos y progresos. Hubo una segunda reunión dos años después y eso fue todo. Esto demostró que muchos restauradores prefieren el anonimato que ofrecen las redes sociales y los foros de Internet, por lo que se reúnen virtualmente en foros como restoringforeskin.org o grupos de conversaciones a través de Telegram o Whatsapp.

No se sabe a ciencia cierta cuántos hombres se han restaurado o se mantienen en proceso de restauración. La mayoría prefieren mantenerse anónimos, lo que dificulta generar una estadística. Y derivado de que la restauración es una actividad que se realiza en privado y sin asesoría médica, no es posible generar reportes médicos que hablen del tema. Sin embargo, los grupos virtuales demuestran que cada día más hombres están conociendo del tema y comenzando a restaurarse. Actualmente existen más de 15 mil miembros activos en el foro restoringforeskin.org, mismo que se creó desde el 2009; por otro lado, Ron Low, uno de los principales proveedores de dispositivos de restauración indica en su sitio web que ha vendido más de 5000 TLC Tuggers, de los cuales tan solo el 75% fueron entregados dentro de Estados Unidos.

[blockquote author=”Ron Low”]No estamos obsesionados ni somos fetichistas del prepucio, solamente queremos tener un cuerpo normal y natural.[/blockquote]

TLC Tugger para la restauración del prepucio

El TLC Tugger en sus diferentes medidas. Foto cortesia de TLCTugger.com

Beto, el músico de 33 años residente de Miami y que se encuentra en las etapas intermedias de su restauración, nació en 1982 y 8 días después de su nacimiento fue circuncidado al igual que su padre y su abuelo, antes que él. Dice que su padre lo sostenía mientras un mohel le rebanó su prepucio frente a sus familiares más cercanos, muchos de los cuales habían viajado desde otras ciudades para presenciar el acto. Dos años después, su hermano menor también fue circuncidado, apegándose nuevamente a la tradición judía. “Para mi padre, la circuncisión era una tradición importante y necesaria para ser un hombre”, comenta Beto.

Como todo niño curioso, Beto recuerda que siempre le causaba curiosidad la pequeña cicatriz que tenía en el pene y siempre se preguntaba cómo pudo habérsela hecho. Cuando tenía 14 años, tuvo la oportunidad de visitar el Museo de Historia Natural de Nueva York donde se topó de frente con la realidad al ver una estatua de tamaño real de un hombre de las cavernas que poseía un pene incircunciso, experiencia que le causó bastante disgusto. “Me sentí bastante confundido e incluso rechazado. Me causó demasiada angustia,” comenta Beto, “Esa es la reacción que tienes al presenciar una diferencia corporal”.

Pero Beto no tuvo resentimientos por su circuncisión en ese momento pues creció bajo un techo con tradiciones judías bien arraigadas. Cuando estaba en la preparatoria, Beto se sintió severamente ofendido por una horda de cristianos fundamentalistas que quisieron convertirlo. Por lo que esta experiencia le obligó a observar sus preceptos judíos y se dio cuenta de que en realidad nunca le dieron la opción de elegir una religión, después se percató de su circuncisión: “Estaba cuestionando la religión y fue cuando me di cuenta de que la circuncisión no es algo bueno”, comentó.

El resentimiento de Beto se acentuó durante sus 20’s cuando comenzó a ver pornografía. Se encogía contra la pantalla de la computadora para ver con detenimiento la anatomía de los penes incircuncisos. “Podía ver claramente que lo que estaba sucediendo en los videos era en extremo placentero y que yo era incapaz de tener la misma sensación”, comentó Beto. Gracias al acceso a la información que ofrece el Internet, Beto investigó un poco acerca del prepucio y aprendió que este contenía alrededor de 20 mil terminaciones nerviosas. Una noche del 2010, una de sus búsquedas en Google lo llevó a descubrir la restauración del prepucio. Nunca se imaginó que aquello pudiera ser posible, pero lo que veía en los foros y en las galerías de progreso de los usuarios fue prueba suficiente para querer intentarlo. “En ese momento supe que eso era algo que tenía que hacer y que lo iba a hacer.”, comenta. “Soy el tipo de persona que quiere recuperar la sensación”.

Las siguientes semanas, Beto se dedicó a investigar más al respecto acerca de las técnicas de restauración y los dispositivos existentes en el mercado. Fue entonces cuando se decidió por el TLC Tugger, tras haber leído varias reseñas escritas por los usuarios de este y otros dispositivos. Lo compró en línea por el precio de $85 USD y lo recibió en una caja bastante discreta. Para ese entonces, Beto tenía 27 años y seguía viviendo en casa de sus padres al sur de Miami.

La restauración del prepucio es una forma específica de expansión de la piel, específicamente de la piel del pene. Los dermatólogos utilizan esta misma técnica para regenerar la piel de las víctimas de quemaduras. Los restauradores dicen que se debe mantener una rutina rigurosa si se desea tener resultados en el mediano plazo. La mayoría de ellos recomiendan que las sesiones de restauración deban durar por lo menos 2 horas por día. A pesar de que puedan ser incómodos, la mayoría de los dispositivos caben por debajo de la ropa interior, lo que permite a los hombres restaurar continuamente sus penes incluso en horas laborales o escolares.

Beto prefiere mantener su propósito para sí mismo. Por el momento no tiene novia (ni ha tenido una relación seria hasta el momento). En algunas ocasiones ha tocado el tema de la circuncisión ante sus padres, pero ellos siempre evadían el tema. En febrero del 2010, Beto se armó de valor y les escribió un correo electrónico a su hermano, a su madre y a su padre en la que les expuso por qué la circuncisión estaba mal. En el asunto del correo puso “Déjalo ser” e incluyó un enlace hacia un sitio sobre la restauración del prepucio. Después agregó:

[blockquote author=”Beto”]La circuncisión es un acto de extremismo religioso que tomamos como algo normal. Es un desfiguramiento a través de cirugía innecesaria y para mí es un acto horroroso. Mientras más aprendo, más me lleno de rabia por saber que tengo un pene incompleto. Me produce insomnio. Tampoco les estoy escribiendo para solicitarles una disculpa. Lo lamentable es el mundo del que provienen. Estoy furioso y necesito desahogarme.[/blockquote]

El padre de Beto, el judío más devoto de la familia, fue el primero en responder. Fue diplomático pero pensó que la frustración de su hijo provenía de algún otro lado y le dijo que si a él le hubieran amputado los dedos de pequeño, habría aprendido a vivir con ello. A Beto le pareció absurda esa comparación. Su madre fue más receptiva y curiosamente ella fue la única que se dio cuenta de que el argumento de su discurso iba en torno al placer sexual. “Si tú sabes que el prepucio es una parte importante para el placer sexual, ¿cómo defiendes esto? Mi madre estuvo de acuerdo conmigo, mientras que mi padre se mantuvo al margen pero completamente en contra de la restauración”, argumenta Beto.

Cuando tocó el tema con su hermano menor y su cuñada, quienes también rondaban los veintitantos años, lo escucharon hablar acerca de los beneficios y funciones del prepucio, aceptando su decisión y comprendiéndolo al grado de que años después, a pesar de ser judíos, decidieron no circuncidar a su primer hijo. Esto sentó un precedente en la familia: fue el primer miembro de la familia que no fue circuncidado; en ese momento su abuelo no se opuso, pero algunos meses después, Beto acompañó a su padre a un debate sobre la circuncisión en el que citó las Escrituras y defendió la práctica. Beto no estaba sorprendido y simplemente afirmó: “Así es mi padre”.

Estando en casa, Beto pasa el tiempo en su recamara leyendo en internet sobre los diversos métodos de restauración del prepucio y sobre las diversas formas de utilizar su TLC Tugger. Entre las instrucciones del fabricante, se indica que se pueden utilizar cintas elásticas amarradas a la rodilla para generar tensión adicional, pero con el clima caluroso de Miami, Beto suele usar pantalones cortos y no puede arriesgarse a que su dispositivo de restauración quede a la vista. Es por ello que decidió hacer una modificación a su dispositivo de tal forma que ahora la tensión depende de un seguro ajustado a su cintura. “Para que el método funcione, necesitas haber creado un poco de piel extra”, comenta Beto. Después de un par de semanas, Beto se da cuenta de que su restauración no está funcionando porque la tensión generada hasta su cintura no era suficiente. Fue entonces que decidió utilizar la misma técnica de estirar hacia la rodilla, pero en dirección contraria: hacia los hombros, de tal manera que la cinta elástica quedara oculta debajo de su camisa. “Probablemente lo estaba haciendo mal”, admite. Frustrado, Beto se dirige a los foros de ayuda esperando encontrar una solución a su problema y ahí le invitan a utilizar los métodos con cinta, pues son más cómodos de llevar bajo la ropa de tal forma que puede llevarlo puesto durante más tiempo e incluso salir a la calle con ellos. “Siempre que salía a la calle con mis dispositivos puestos sentía cierta ansiedad como si estuviera haciendo algo peligroso o prohibido, especialmente después de cierto tiempo de inactividad”, comenta.

Los restauradores tienen un índice de cobertura con el que monitorean sus avances conforme va creciendo la piel. Beto estima que comenzó desde el nivel 1 porque tenía muy poca piel suelta, razón por la cual sus rutinas de restauración tendían a ser algo tediosas. Según las anécdotas recabadas en los foros de restauración, un hombre puede alcanzar sus objetivos de restauración en tan solo dos años, siempre y cuando se apegue a rutinas estrictas y rigurosas.

Un día del 2012, Beto terminó rindiéndose. “Un día de descanso se fue convirtiendo en dos días de descanso, y 2 se convirtieron en una semana y las semanas en meses”, comenta. “Un día me di cuenta de que ya lo había dejado”. Pero eliminar un hábito basado en la obsesión no es tarea fácil.

Sam es un empresario que vive en Miami y quien se negó a dar su nombre completo. Siendo un hombre gay de 45 años de edad, siempre prefirió que sus parejas fueran incircuncisas o intactas. Ellos le contaban sobre las sensaciones que podían percibir y que él jamás podría tener. Sam también quería tener un prepucio, por lo que invirtió 3 años estirando la piel de su pene hasta que logró restaurarlo por completo. “Ha sido una aventura bastante interesante,” comenta, “De hecho ha sido una experiencia un tanto agridulce, pues ahora sé lo que se siente tener un órgano completamente funcional. Y a la vez me pone triste saber de tantos hombres que jamás sabrán lo que se siente tener un prepucio y que tienen que recurrir al Viagra o al Cialis. Todo lo que tuve que pasar tendría que haber sido innecesario”.

A pesar de los 3 años en los que Sam tuvo que estirar, encintar o llevar puesto dispositivos extraños en su pene, ahora asegura que todo valió la pena. No solamente disfruta la manera como luce ahora su pene, sino que la sensibilidad y el sexo han mejorado bastante. El cumplido más reciente que recibió fue mientras se bañaba con su pareja casual, al que le platicó que había sido circuncidado de pequeño y él no le creyó que eso fuera cierto, pues según su pareja, jamás hubiera imaginado que su pene había estado circuncidado. “Ese comentario me hizo el día”, agregó Sam.

De hecho ha sido una experiencia un tanto agridulce, pues ahora sé lo que se siente tener un órgano completamente funcional. Y a la vez me pone triste saber de tantos hombres que jamás sabrán lo que se siente tener un prepucio y que tienen que recurrir al Viagra o al Cialis. Todo lo que tuve que pasar tendría que haber sido innecesario”

Así como Sam, él y otros hombres que han logrado restaurarse desean propagar la noticia de que es posible. Incluso juegan el rol de mentores en los foros de restauración a fin de evitar que los demás terminen rendidos por la frustración de no alcanzar un progreso. Los hombres que desean restaurarse deben entender que ello implica un cambio dramático en sus estilos de vida. Algunos ponen como ejemplo las dietas, en las que es necesario llevar un riguroso estilo de vida si quieres conseguir resultados, pero a diferencia de quemar algunos kilos, la restauración es algo completamente privado y personal.

Otro restaurador, Ted de 58 comenzó a restaurarse en el 2006 después de que comenzó a notar la falta de sensibilidad en su pene. Cinco años después logró su meta y al igual que Sam, permaneció activo en los foros motivando a otros hombres a seguir adelante. “Pasé de insensible como una escoba a extremadamente sensible. Con la restauración el glande sana como si se tratara de una quemadura solar. La nueva piel es brillosa e incluso pareciera ser capaz de reflejar la luz. Antes era gris, callosa y áspera” comenta. Ted asegura que a su esposa le gusta el cambio, “Con mi esposa el sexo dejó de ser doloroso y ya no siente como si la estuviera lijando”.

Ted y Sam son solo algunos de los casos de éxito que se encuentran en los foros, pero de acuerdo con lo que se reporta en estos sitios, muchos hombres dejan de escribir después de 4 meses. Tally, uno de los moderadores de restoringforeskin.org asegura que nunca se debe subestimar el factor psicológico de la restauración, lo cual provoca que muchos hombres abandonen la misión. “El ego del hombre siempre gira en torno a sus órganos sexuales”, explica Tally. “Cuando comienzas a restaurar es porque te das cuenta que tu órgano sexual está defectuoso”. Tally decidió crear el foro restoringforeskin.org después de que el sitio que él frecuentaba fue dado de baja en el 2009. Él sabía lo crucial que resultaba el apoyo virtual entre restauradores, además de que la idea era otorgar apoyo más que orientación médica.

Existen muchísimas razones por las que un hombre deja de restaurarse. Algunos dispositivos son difíciles de usar y el progreso es lento; son físicamente incómodos y provocan aislamiento, debido a que muchos hombres no se atreven a revelarle a su familia y amigos por lo que están pasando, así como los logros alcanzados. La restauración es un proceso que requiere de un estilo de vida disciplinado, en el que se inviertan varias horas al día y ser capaz de mentalizarse en las metas que se desean alcanzar; es un proceso que puede provocar la obsesión de los hombres con sus penes hasta el grado de considerar tener una dismorfia corporal.

La alternativa que podría evitar este proceso lento y tormentoso sería la cirugía. Es mucho más rápida que la ruta de los estiramientos, pero puede costar alrededor de $8000 USD y es considerada cirugía cosmética, por lo que los seguros no lo cubren. Durante esta operación, se extrae unos cuantos centímetros de piel del escroto que posteriormente se injertará como recubrimiento del glande. Sin embargo, para que el tratamiento funcione, el paciente deberá tomar medicamentos que inhiben la testosterona durante 3 meses para evitar las erecciones, hasta que en una segunda cirugía se realicen los retoques finales. Sin embargo, los expertos indican que algunas características del prepucio, como las terminaciones sensoriales o el frenillo, no pueden recuperarse, ni siquiera con cirugía.

En el verano del 2013, Beto decidió escribirles a los 5 hombres que asistieron a la reunión de restauradores 3 años atrás y se enteró que uno de ellos ya había terminado de restaurarse, por lo que invitó a Beto a que retomara su proceso. Hacía 3 años de que Beto había dejado de restaurarse. A pesar de que antes consideraba que su pene lucía antiestético por la ausencia de prepucio, ahora considera que su rutina de restauración es una rutina proactiva, es decir, algo que él sabe que le esta beneficiando día a día, algo así como salir a correr cada mañana. “Me di cuenta de que mi proceso de restauración era algo así como una protesta en contra de mi circuncisión. Es mejor verlo de esa manera que estar haciendo berrinches en casa”, comentó.

Desde los últimos 2 años Beto ha continuado restaurando su prepucio, utilizando una serie de diversos métodos y dispositivos, al grado de que ha subido de nivel en el índice de cobertura hasta el nivel 3 de 10. “No me gusta estarme concentrando en cuánta piel estoy creando, porque se vuelve frustrante y tedioso. He aprendido a vivir con mis dispositivos y a llevarlos día a día. Incluso los días en los que no lo llevo puesto, siento que estoy perdiendo el tiempo”.


Por Jess Swanson, traducido y adaptado de browardpalmbeach.com

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